lunes, 29 de julio de 2013

Mi experiencia en Cerdeña. III.

Dos días me quedan por contaros de mi viaje a la isla de Cerdeña y cada vez que revivo aquella semana me entran unas ganas locas de volver, que pena que lo bueno pase tan rápido...
El jueves volvimos a madrugar, habíamos planeado visitar Alghero, en la parte noroeste de la isla, y teníamos por delante un par de horas de viaje.
Llegamos sobre las doce del mediodía, nos dirigimos hacia el centro de la ciudad y lo primero que hicimos fue entrar a la oficina de información turística para que nos dieran algunas indicaciones sobre lugares de interés, playas y sitios para comer.
Como curiosidad os diré que Alghero fue repoblada en la Edad Media por colonos catalanes, de ahí que el nombre de las calles aparezca en catalán e italiano, aparte de las distintas referencias a Cataluña que se pueden ver por el casco histórico.

 Alghero
Alghero fue una ciudad fortaleza y así lo demuestran las murallas que hoy quedan en pie, sus torres y sus catapultas. Las calles empedradas y estrechas albergan hoy cantidad de tiendas de souvenirs, restaurantes y cafeterías. Se ve rápido pues no es muy grande, si os apetece podéis acceder a alguna de sus iglesias, nosotros entramos a la del Carmelo pero estaba en unas condiciones penosas, aunque ya han empezado las obras de restauración. Enseguida se nos hizo la hora de comer así que buscamos un restaurante en el Bastión de Marco Polo, a la sombra porque el sol abrasaba y sentados en Angedras disfrutamos de una excelente comida y de la brisa del mar.

 Alghero Restaurante Angedras
Más o menos en la línea de los días anteriores, pasta, pescado y marisco. Vale la pena probar la ensalada con tosta de calamar, una dorada o lubina fresca a la plancha, la tempura o los riquísimos postres, tarta de crema de leche y mousse de chocolate blanco con gelatina de café y helado de limón. Para beber seguimos con el Vermentino, le cogimos el gusto.
Después de reposar un poco la comida en la terraza del restaurante nos dirigimos hacia la Gruta de Neptuno en Cappo Caccia, a unos 40 minutos en coche bordeando toda la costa. El acceso a la gruta se puede hacer a pie o en barco, nosotros fuimos valientes y nos animamos a bajar los 655 escalones (aproximadamente) que dan entrada a la misma, el precio de la entrada es de 13 euros y dura media hora calculo yo. Es bonita, pero si os digo la verdad no perdería media tarde en esta visita si solo permanecéis en Alghero un día, las playas son una pasada y no nos dio tiempo a bañarnos en ninguna, cuando salimos de la gruta eran casi las siete de la tarde y teníamos que volver a San Teodoro.
LLegamos más o menos a la hora de siempre al hotel, las nueve de la noche aproximadamente, con el tiempo justo de ducharnos y arreglarnos para salir a cenar, nos quedamos cerca, en San Teodoro María había visto un restaurante con un patio interior precioso que le había llamado la atención, así que entramos sin dudarlo, se llama Da Fabio, se encuentra en la via D. Gavino Pes - via dei Platani. 
No tengo fotos pero os diré que aquí las pizzas estaban regular (malas por supuesto que no pero las comimos mejores en Il Velero, por ejemplo) la carne de ternera en cambio buenísima. Bebimos un vino tinto de la provincia de Avellino que nos gustó mucho, Irpinia Aglianico Borgotufato es el nombre por si queréis probarlo. De lo que sí tengo foto es del postre, una seada, el dulce típico sardo a base de una masa frita rellena de queso y bañada en miel, empacha un montón pero está delicioso.

Seada

Al día siguiente, viernes, era nuestro último día para disfrutar de la isla pues el sábado ya cogíamos el avión de vuelta a e España, decidimos quedarnos cerca del hotel, no madrugamos tanto como los días anteriores y después de desayunar nos dirigimos a la playa, en un principio con destino a La Cinta otra vez, pero de camino descubrimos una pequeña localidad, Porto Ottiolu, que nos conquistó por completo, una pena hacerlo el último día porque las playas son estupendas y el ambiente del puerto muy tranquilo.  
Porto Ottiolu
Lo primero que hicimos al llegar a Porto Ottiolu fue dar una vuelta por la plaza principal y acercarnos a las playas, nos quedamos en la de la parte izquierda, llamada Isuledda, aguas cristalinas y de un profundo turquesa, había gente pero sin aglomeraciones. No sé si esto se debió a la época del año en que fuimos, primeros de julio o a la crisis que les está afectando de forma muy directa, según nos contaron algunos trabajadores del restaurantes y del hotel.
A la hora de comer nos quedamos en el Ristorante dal Pirata que está en alto y tiene unas vistas al mar preciosas. La carta es amplia, pizzas, pescado, marisco y pasta. Nosotros nos decantamos por algo ligero, unas ostras como aperitivo y de plato fuerte unos pidieron dorada y otros ensalada de marisco, muy recomendables ambas cosas, las ostras las más grandes que habíamos comido nunca. 
Después de la comida aprovechamos para ir otra vez a la playa pero era tanta la humedad y el calor que nos cayó un chaparrón, con lo que nuestra tarde de baño se vio interrumpida antes de lo que esperábamos. 
Volvimos al hotel a descansar y decidimos volver a cenar a Porto Ottiolu, como era la última noche en Cerdeña nos pusimos guapos y disfrutamos de las horas que nos quedaban. Cenamos en la Trattoria dal Pesactore, un restaurante en el que sólo tienen pesaco y marisco, nada de pizzas, ya te lo avisa el dueño nada más llegar, su hija es muy simpática y prácticó con nosotros el español que había aprendido durante una estancia de varios años en Mallorca, nos trataron estupendamente y comimos también muy bien. Pedimos mejillones, por si no lo he dicho antes es uno de los platos estrella de la isla, y una parrillada de pescado y marisco compuesta de atún, lubina, calamar, cigalas y gamba roja.
Después, una copa y un helado en el puerto y de vuelta al hotel, que a la mañana siguiente había que levantarse temprano para ir al aeropuerto.
De lo único que me queda que hablaros es de las compras en Cerdeña, qué traer de recuerdo a nuestros familiares o qué es típico de la isla.
Compras Cerdeña
Cerdeña es conocida por la gran cantidad de coral que atesoran sus fondos marinos así que es casi obligado comprar una pieza de este material, a mí particularmente me encanta el coral y traje varias pulseras de diferentes diseños, hay infinidad de tiendas y mercadillos donde comprarlos, yo lo hice en Cala Gonone y Alghero. Las tiendas en las que compré fueron Oreficeria Lav. Filigrana Sarda Fancello Pinna, Via C. Colombo 40, Cala Gonone y Bottega del Corallo, P. Duomo 18, Alghero.
Ya os he comentado en las otras entradas sobre Cerdeña la cantidad de pastos que hay en la isla y que pueden verse los rebaños al aire libre, si os gusta el queso no olvidéis comprar Pecorino, de oveja, nosotros compramos una bola del más curado y otra tierno, también una varidad llamada Peretta por la forma de la bola, de vaca, es tierno. Del pan sardo también os he hablado ya, mi marido se aficionó a él y nos trajimos un paquete para acompañar los quesos.
En cuanto a bebidas, el Mirto es una especie de orujo que se hace con una hierba autóctona, fuerte y digestivo como todos los orujos, y vino blanco, el Vermentino fue el que bebimos casi todos los día y que nos gustó mucho, compramos el Cala Reale por recomendación de la propietaria de la tienda. Estas compras las realizamos en La Maddalena, la tienda se llama Sardegna da Mangiare e da Bere da Rosie y la podéis localizar en Piazza Garibaldi 10, nos gustó porque tenía mucha variedad de productos y además te envasan al vacío los quesos y embutidos.
Pues hasta aquí todo lo que recuerdo sobre mi experiencia en Cerdeña, es uno de los mejores viajes que he hecho en mi vida y que repetiría sin dudarlo, lo único que puedo decir es "Love Cerdeña"  
Love Cerdeña

Si tenéis alguna duda o queréis preguntarme algo en concreto enviádlo al correo o dejad un comentario en cualquiera de las entradas que le he dedicado al viaje, intentaré responderos lo antes posible.
Perdonad el retraso en publicar esta última entrega del viaje pero el cuello me ha tenido fastidiada unos días.

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